
Los mercados callejeros son mi perdición. Me encantan, me gusta mucho perderme entre los puestos que venden cualquier cosa, desde alimentos y plantas, hasta ropa y cuadros. Bueno, he recorrido mucho en varias ciudades del mundo y aunque cada uno tiene su encanto particular el de Viena es muy bonito.
Es el Naschmarkt, también llamado mercado de las golosinas, aunque no se venden solo dulces aquí sino de todo un poco: alimentos, frutas, verduras, queso, fruta, plantas y hermosos tulipanes. Son dos kilómetros de puestos que van desde la Kettenbrückengasse hasta Secession y no ofrecen solo productos austriacos sino de una gran variedad de países por lo cual es el paseo favorito de los gourmets de la capital a la hora de probar otros sabores.

Hace tres siglos este popular mercado se especializaba en vender productos de granja, especialmente leche, pero apenas nació el siglo XX se le cambió el nombre de Kärntnertormarkt a Naschmarkt ya que no solo se vendían verduras, huevos, carne y quesos sino también muchos productos dulces. Hoy es lo que vemos, verduras exóticas, frutas extrañas y una serie de olores flotando que son una delicia. Lo mejor es que mientras paseamos y compramos algo que llame nuestra atención, podemos beber un café o comer algún plato rápido, un aperitivo, tal vez, pues algunos puestos venden comida ya preparada.

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